Bizancio vol.5

SIGUIENDO EL RASTRO DE LAS RUINAS: LA CRISIS BALCÁNICA (SIGLO XIV) DESDE OTRO PUNTO DE VISTA

Hace una semana, entregué un trabajo sobre la historia económica de los Balcanes a lo largo de la Edad Media y Moderna. Cuando comentaba a la gente en qué estaba trabajando, bufaban y se llevaban la mano a la cabeza: parece imposible trabajar apasionadamente investigando cuántos sacos de trigo entraban en Tesalónica en una determinada época. Y sin embargo, la historia económica no es solo eso y, si se estudia bien, es realmente interesante y útil para la historia.


1619129_727633323943218_1298752908_n

Pongamos el caso bizantino como ejemplo. Los últimos siglos de vida del Imperio (siglos XIII-XIV-XV) se suelen presentar como horribles, de una decadencia sin freno y en la que problemas como la concentración de las tierras o la corrupción del estado imposibilitaron la defensa frente a los enemigos. Pero ¿qué hay de cierto en esto? Si nos restringimos a las crónicas, terminamos con la sensación de contar solo con unas voces, a menudo muy subjetivas, que te hablan de desastres y problemas… surge el deseo de investigar hasta qué punto fue aquello cierto.

Gracias al estudio de pioneros, desde hace unas décadas conocemos más de la historia económica bizantina, y ahora podemos decir mucho más sobre cómo pudo ser esta crisis. Analizando sobre todo los documentos conservados en monasterios del sur de los Balcanes, se observa cómo durante todo el siglo XIII, cuando el poder bizantino se había disgregado por la conquista de Constantinopla en la Cuarta Cruzada, la población crecía en vez de reducirse en medio de la guerra y el caos político. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo siguiente, en los mismos territorios, la población retrocede de forma asombrosa, los cultivos se abandonan y muchas grandes familias se arruinan.

¿Por qué sucedió esto? Hay muchos posibles motivos, y seguramente todos influyeron en mayor o menor medida: el que, cuantas más tierras se ponen a cultivar, cada vez se cultivan tierras menos fértiles y se reducen los terrenos para pastos y otros usos (todo esto se conoce como la “ley de rendimientos decrecientes”); pero también las guerras civiles e invasiones de la época fueron terribles, porque consiguieron crear una inseguridad general que detuvo el comercio y desplazaron campesinos y señores, que abandonaron sus propiedades y cultivos; y, por último, la peste bubónica se cebaría con la población hasta principios del siglo siguiente.

Veámoslo en cifras: en 1321, los pueblos macedonios de Drymosyrta, Pinson-Loroton y Gomatou tenían 56, 103 y 104 familias respectivamente; en 1409, las mismas localidades contaban con 35, 20 y 21 familias: un panorama desolador en menos de cien años. Sin embargo, otros datos nos dicen algo que suele repetirse en otros estudios: cuantos menos campesinos quedan, mejores condiciones de vida tienen los supervivientes, que trabajarán de nuevo tierras más productivas y serán mejor pagados porque “tocan menos a repartir”: crecimiento económico y bienestar no tienen por qué ir de la mano en la historia.

Mientras tanto, a lo largo de esta segunda mitad del siglo XIV los otomanos surgen en Anatolia y consiguen dominar buena parte de este territorio por las armas: junto con sus ejércitos, transportan tribus nómadas a los Balcanes, que seguramente tuvieron mucho que ver en sus saqueos en todo el caos que produjo la crisis económica y demográfica. Mientras que los reducidos territorios bizantinos que quedaban trataron de “salir de la crisis” animando a los monasterios a “recolectar” gente y ponerla a trabajar, gracias a la ruina y el abandono de muchas propiedades, los turcos tendrán fácil el someter a los señores locales a un sistema que les impedirá acumular demasiado poder, y un sistema de migraciones voluntarias y forzadas a un lado y otro de Egeo introducirá en Europa las primeras comunidades musulmanas.

La conclusión de todo esto es que la historia no puede descartar ninguna fuente de estudio: es mucho lo que se puede llegar a saber, y las grandes teorías de hoy se tambalean cuando alguien encuentra la forma de estudiar algo con nuevas fuentes de información y nuevos restos; seamos creativos, propongámonos retos y no nos dejemos llevar por la corriente, porque aún queda mucha historia por escribir.