La crisis del Reino Antiguo

Egipto tuvo épocas en las que la monarquía tuvo mucha fuerza, consiguiendo establecer la paz y el orden por todo el país. Pero el ansia de poder de algunos funcionarios llegó a ser causa de traiciones que desembocaron en el caos y la anarquía, una revolución.

A finales del Reino Antiguo el mundo egipcio se derrumbó; se convirtió en un torno rotando sin alfarero, el pobre se alzaba en el poder del que ahora estaba hambriento y miserable, las necrópolis menfitas fueron saqueadas, el comercio y las fronteras desaparecieron, la tierra fue dejada de labrar, las gentes preferían el suicidio antes que seguir viviendo y los cocodrilos estaban saciados de devorar a aquellos que se lanzaban a ellos para abandonar la vida y comenzar una mejor y eterna junto a los dioses.

Un sacerdote del rey nos cuenta: “Las cosas han llegado a un punto en el que el país es despojado de la realeza por unos cuantos irresponsables. El secreto del país, cuyos límites son incognoscibles, está descubierto. La residencia real ha sido destruida en una hora. Ningún funcionario se encuentra en su sitio, como ovejas sin su pastor.” Y un hombre cuya mejor solución para la vida es la muerte dice: “La muerte está ahora ante mí como salud para un hombre enfermo, como puerta abierta para un preso. La muerte está ahora ante mí como fragancia de mirra, como sentarse al resguardo en día ventoso”.

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Fuente: FRANKFORT, WILSON & JACOBSEN (1946), ‘El pensamiento prefilosófico’, Fondo de Cultura Económica España.