Morfología: ¡¿declinaciones en el castellano?!

Todos recordamos la primera vez que nos explicaron lo que era una declinación. Un día llega un profesor o una profesora y te dice que existe una cosa que se llaman las lenguas flexivas y que estas lenguas tienen una declinación, esto es que las palabras toman diferentes terminaciones para expresar la función que cumplen en la oración. En ese momento, con toda tu concentración, intentas entender cómo funciona eso y cómo a alguien se le pudo ocurrir algo tan complicado (aunque evidentemente los procesos de una lengua no funcionan de ese modo).

Por suerte o por desgracia, el proceso natural de las lenguas hace que esta flexión se vaya perdiendo y que se busquen nuevas soluciones, que son normalmente el orden de las palabras o bien sintagmas preposicionales. No es lo mismo decir “Paul hit Maria” que “Maria hit Paul” o “Le compro un Mercedes a María” que “Le compro maría a Mercedes”.

Sin embargo, todavía podemos encontrar en nuestra lengua restos de lo que eran declinaciones, por ejemplo en los pronombres personales. Mientras que “yo, tú, él, ella, nosotros, etc.” lo utilizamos como sujeto o atributo, en casos como el complemento directo o el indirecto usaríamos “me, te, lo, la, le, nos, etc.” (¡Cuidad vuestro laísmo o leísmo! “Lo” y “la” para CD y “le” para CI). Por ejemplo “Yo soy alto” o “Ése eres tú”, pero “Nos has abandonado” o “Le ofrecieron comida”. Incluso conmigo, contigo y consigo son restos del ablativo latino mecum, tecum y secum, pero ya hipercaracterizados con la repetición de la preposición “cum” (cummecum, cumtecum y cumsecum).