Narciso

Esta semana para la sección de mitología ofrecemos la versión romana del mito de Narciso:

La ninfa Eco se enamora de un vanidoso joven llamado Narciso, hijo de la ninfa Liríope de Tespia. Preocupada por el bienestar de su hijo, Liríope decidió consultar al vidente Tiresias sobre el futuro de su hijo. Tiresias le dijo a la ninfa que Narciso “viviría hasta una edad avanzada mientras nunca se conociera a sí mismo”.

Un día, mientras Narciso estaba cazando ciervos, la ninfa Eco siguió sigilosamente al hermoso joven a través de los bosques, ansiando dirigirse a él pero siendo incapaz de hablar primero, ya que la diosa Hera la había maldecido a solo poder repetir lo que otros decían. Cuando finalmente Narciso escucha sus pasos detrás de él, pregunta: “¿Quién está ahí?”, a lo que Eco responde: “¿Quién está ahí?”. Y continuaron hablando así, pues Eco únicamente podía repetir lo que otros decían, hasta que la ninfa se mostró e intentó abrazar a su amado. Sin embargo, Narciso la rechazó y le dijo vanidosamente que le dejara en paz, y se marchó repudiándola. Eco quedó desconsolada y pasó el resto de su vida en soledad, consumiéndose por el amor que nunca conocería, hasta que solamente permaneció su voz.

Por lo que se refiere a Narciso, un día sintió sed y se acercó a beber a un arroyo. Al verlo, se fascinó por la belleza de su propio reflejo, sin atreverse a beber por miedo a dañarlo e incapaz de dejar de mirarlo. Finalmente murió contemplando su reflejo y la flor que lleva su nombre creció en el lugar de su muerte.

En algunas versiones, sin duda influidas por la versión helénica, se dice que otra muchacha que también había sido rechazada por Narciso rezó a la diosa Némesis para que lo castigara por su vanidad. En otras versiones se dice que Narciso es atormentado en el Inframundo contemplando un reflejo que no corresponde a su amor.

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Imagen: Narciso de Caravaggio