El diluvio universal

Esta semana os ofrecemos en la sección de mitología una historia que os resultará sumamente familiar, aunque probablemente no la asociéis a un mito griego. Concretamente, se trata de la historia del Diluvio Universal, el cual ha sido extendido a partir del pasaje del Génesis 7:2, aunque el relato original o más antiguo lo hallamos en las fuentes mesopotámicas, específicamente el relato de Gilgamesh en el Enuma Elish acerca del cual trataré en otra ocasión. Asimismo, contamos con nuestra versión griega al respecto en el relato de Deucalión y Pirra, referido por Pseudo-Apolodoro en Biblioteca mitológica I, 7, 1-3, o en Las metamorfosis I, 253-312 y 313-437. En la mitología griega, Deucalión (en griego, Δευκαλίων) era hijo de Prometeo, y reinó en las regiones próximas a Ftía. Su esposa fue Pirra, hija de Epimeteo y Pandora. Cuando Zeus decidió finalizar la Edad de bronce con el gran diluvio, Deucalión, por consejo de Prometeo, construyó un arca y, disponiendo dentro de ella lo necesario, se embarcó en compañía de Pirra, relato similar al del bíblico Noé. Zeus hizo caer desde el cielo una copiosa lluvia e inundó la mayor parte de la Hélade, de manera que perecieran todos los hombres, excepto unos pocos que se refugiaron en las cumbres de las montañas próximas. Después de nueve días y otras tantas noches navegando, con el fin del diluvio la pareja volvió a tierra firme y Deucalión decidió consultar un oráculo de Temis sobre cómo repoblar la tierra. Se le dijo que arrojase los huesos de su madre por encima de su hombro. Deucalión y Pirra entendieron que “su madre” era Gea, la madre de todas los seres vivientes, y que los “huesos” eran las rocas. Así que tiraron piedras por encima de sus hombros y éstas se convirtieron en personas: las de Pirra en mujeres y las de Deucalión en hombres. Deucalión y Pirra tuvieron varios hijos: Helén, Oresteo, Protogenia y Anfictión.

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