Mitología: Hero y Leandro

Mitología: Hero y Leandro

Me gustaría contarles a raíz de la sección de mitología una de esas historias mitológicas que llegan profundamente, aunque suelen terminar con un final parecido. Lógicamente, mi pequeña síntesis no puede equipararse, ni por asomo, con las fuentes en las que se refleja este relato, concretamente, las “Heroidas” de Ovidio (epístolas 18 y 19), una obra sumamente original sobre la que trataremos en otra ocasión, y el gramático bizantino Museo en poema “Hero y Leandro”.

Hero era una joven sacerdotisa de Cipris, uno de los nombres de Afrodita o Venus, la cual vivía en Sesto, es decir, en una ciudad situada en la zona costera oriental del Helesponto o estrecho de los Dardanelos, mientra que Leandro era un joven que habitaba en Abidos, ciudad de la costa occidental del Helesponto. Hay que añadir que el Helesponto que separaba ambas ciudades posee una anchura de unos dos kilómetros.

En las fiestas celebrada en conmemoración del amor de Venus y Adonis en Sesto, durante las cuales las sacerdotisas vendían su virginidad.

Allí, Leandro contempló por vez priemera a Hero y quedó completamente prendado y enamorado de ella, lanzándole unas furtivas y complacientes miradas a las que ella correspondía. Ambos ansiaban la noche para consumar su unión en el sagrado recinto de Venus. Sin embargo, ambos seguísn enamorados tra esa noche, pero sus familias se oponían a su matrimonio, por lo que tuvieron que idear un plan para reencontrarse.

En efecto, Hero encendía y agitaba cada noche un antorcha desde su ciudad de manera que Leandro desde Abidos se percataba de la prohibida señal. Por tanto, Leandro se disponía a nadar el Helesponto tomando el fuego como guía en su trayecto. Cuando Leandro llegaba a Sesto, Hero le recogía y ambos se reconfortaban mutuamente. Esta táctica les sirvió durante la temporada estival, pero llegó el invierno y surgieron complicaciones.

Una gélida noche invernal, Hero encendió con incertidumbre la llama, por lo que Leandro, nuestro intrépido nadador, inició su trayecto alentado por el fuefo de la antorcha y de su propio pecho. Sien embargo, el viento apagó la llama de la antorcha y Leandro se vio solo y zarandeado por la tempestad, apagándose con la antorcha también su vida. Hero, sumamente agpbiada por su amdao, inytentó encender la llama con prontitud, pero aquella noche no se reencontró con Leandro.

A la mañana siguiente, Hero observó el cuerpo de su bello amante arrojado sobre la playa y en un último acto de amor y pasión encomiable se lanzó desde la torre en la que vivía y en la que encendía el candil todas las noches. Por consiguiente, los dos amantes unieron sus destinos por última vez y para siempre.

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Es completamente necesario comentar la enorme pervivencia de este mito que fue tratado por grandes autores como Garcilaso de la Vega o Marlowe, e incluso algunos aventureros como nuestro querido Lord Byron, aprovechando su estancia en Grecia para luchar en favor de la libertad des este país, intentaron y consiguieron emular el trayecto a nado de Leandro a través del Helesponto, demostrando que el sentimiento más puero puede con cualquier obstáculo.